domingo, 5 de febrero de 2017

Sacristán

Sabemos que a don Juan no le gusta demasiado el teatro y que no está al tanto de las ferias de vanidades. Un amigo, quizás para tentarlo —como los fariseos y saduceos a Nuestro Señor Jesucristo—, le pregunta:
—¿Qué opina usted de Sacristán?
Don Juan lo entiende con minúscula:
—Todos los sacristanes que conozco pasaron hace tiempo a mejor vida: el segundo concilio vaticano los condenó a la extinción.
El amigo ignora si don Juan ejerce la ironía o se le ha acrecentado la sordera. Los demás lo mismo.
—Le pregunto por José Sacristán, el actor. ¿Qué le parece el premio?
—Me parece muy bien.
—Pero usted ha ironizado a veces sobre el glamur, las alfombras rojas, los egos hinchados…
—Esto es distinto; no es como los Goyas; no hay alfombras rojas ni egos hinchados: ni siquiera viene la prensa del corazón… Y me parece estupendo que las sociedades y las personas reconozcamos los méritos de los demás y les agradezcamos —de forma sincera, contenida y elegante: sin necesidad de aspavientos— los favores que nos hayan hecho. Además, el Premio Corral de Comedias ha atinado desde el primer año en la elección de los premiados; repasen la lista: ha matado siempre dos pájaros de un tiro, porque ha hecho justicia y ha ensanchado el propio prestigio. No se puede pedir más.
—Pero de Sacristán ¿qué me dice?
—Sacristán tiene, poco más o menos, mis años. En el teatro lo he visto menos; en el cine llevo viéndolo desde que empezó. Creo que es un actor excelente, serio y entregado a los personajes que interpreta y a los directores, que son los responsables de las películas: por eso, sin divismo ninguno, es capaz de resolver con solvencia papeles muy distintos. Personalmente no lo conozco, pero me parece uno de tantos españoles que se sobrepusieron a las adversidades de la Posguerra y sacaron adelante su vocación con habilidad, con perseverancia, inmunes al cinismo del ambiente, y todavía no han olvidado de dónde provienen ni los principios que les permitieron sobrenadar aquel océano deleznable de inmundicia intelectual e inmoralidad.
El énfasis con que don Juan afirma ciertas cosas solivianta a algunos contertulios. Él sigue a lo suyo:
—Del Festival siempre ha hablado bien. Y hace poco —más a su favor— vi  una foto en la que leía un libro de Horcajada: quiere decir que no incurre en el vicio de tantos viejos, sordos a las novedades, y que tiene buen gusto y predilección por la poesía y por Almagro: ¿qué más quieren?
Nosotros no queremos nada. Si alguien pretendía que don Juan le pusiera pegas al premio, se ha equivocado: él sabe bien cuándo viene a cuento la ironía y cuándo no. Y, en una sociedad tan tacaña en reconocer los méritos ajenos y tan proclive a encumbrar cualquier banalidad o a cualquier fantoche, que se aplauda a quien lo merece le da mucha alegría: a ver si cunde el ejemplo. Por eso, ya que va encarrilado, continúa:
—Desconozco quién propone los candidatos al premio. Si es la directora del Festival, también merece reconocimiento. No he hablado nunca con ella, pero la veo discreta, eficiente, rigurosa: sabe dónde pisa y no se permite equivocaciones.
—Pues a algunos almagreños no acaba de convencerles…
—No. Y le reprochan nimiedades: que si está aquí o allá, que si los carteles, que si los reestrenos, que si este espectáculo o el otro… Menudencias de algunos que —quizá— querrían protagonismo, un trozo de pastel... o —no es descartable— ligereza. Se hizo cargo del Festival cuando, económica y artísticamente, naufragaba: lo ha saneado, le ha garantizado la continuidad, ha aumentado considerablemente el número de espectadores y ha logrado un nivel artístico más que digno. No sé cuánto le quedará de mandato, pero ojalá no se equivocaran en la sucesión. Bien cerca tenemos la Semana de Música Religiosa de Cuenca para escarmentar. O escarmentemos aquí mismo: ¿recuerdan a directores que despilfarraban en salvas la pólvora del rey, si es que no se les quedaba alguna entre las uñas?
—Don Juan, nos está usted echando un sermón —digo por quitar hierro.
—Porque es domingo, querido amigo. También me gusta que se haya decidido homenajear a los actores. Los tres son muy buenos.
Apura el jerez, se levanta sin apoyarse en el bastón y se va para la casa.
Aunque don Juan haya dado por sabidos los nombres de los tres actores que recibirán el homenaje del Festival, yo creo que no viene mal ponerlos aquí: Joaquín Notario, Pepa Pedroche y Arturo Querejeta. Enhorabuena.